Asamoah Gyan tenía la posibilidad de hacer realidad el sueño africano: poner a un seleccionado de ese continente por primera vez en semifinales de la Copa del Mundo. Y mientras Luis Suárez lloraba sin consuelo por su expulsión, el destino o lo que fuese le dio otra vuelta de tuerca a una historia con tintes dramáticos y el goleador ghanés falló. Fue la resurrección de Uruguay, que de ver cómo la clasificación parecía escaparse irremediablemente en el minuto final de la prórroga, se encontró con un regalo casi divino. El papel de héroe que había resignado Gyan le quedó de medida a Fernando Muslera que atajó dos disparos y, junto al desparpajo de Abreu, volvieron a colocar a Uruguay en la gran vidriera del fútbol mundial.